Bodega en Cantabria

La historia de nuestros vinos

Origen

Primeros pasos de la bodega

Mientras otros veían solo montañas en el paisaje cantábrico, Carlos Recio Calera, Ingeniero Agrónomo y Master en Viticultura, vislumbró el futuro dorado de unas cepas aún no plantadas. Con audacia pionera, decidió rescatar la tradición vinícola cántabra del olvido. En una tierra donde el vino era apenas un susurro familiar, Carlos imaginó botellas en las que se degustaría la esencia de la tierra calcáreo arcillosa del Valle de Villaverde. Así nació Casona Micaela, no solo como una bodega, sino como embajadora de lo que Cantabria podía ofrecer al mundo.

El 2004 marcó el momento en que los sueños echaron raíces en la Finca Jornillo. Cada cepa de Albariño y Riesling en aquellos suelos calcáreos, a 500 metros de altitud, era una promesa al futuro. Se definió cada detalle con precisión: la orientación sureste que captura los primeros rayos del alba, las espalderas elevadas a 2,5 metros buscando el sol, y el refugio natural de pinos y eucaliptos protegiendo nuestras vides de los vientos norteños.

Nuestra casa

La bodega

En el núclo urbano de Valle de Villaverde se erige un original edificio diseñado para ser ante todo funcional y además atractivo al visitante. Construido en madera, cristal y cobre alberga la más moderna maquinaria para la óptima elaboración de nuestro vino. Así mismo la bodega cuenta con la infraestructura y tecnología puntera para que el proceso sea sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

Una bodega en Cantabria

Valle de Villaverde

Valle de Villaverde es uno de esos lugares que cuesta encontrar en el mapa, pero que quedan grabados en la memoria. Escondido entre las montañas del oriente cántabro, es un valle silencioso donde los prados conviven con bosques centenarios, y la vida transcurre marcada por las estaciones. Sus casas de piedra, huertas, y ambiente tranquilo, conservan la memoria de una forma de vivir sencilla y verdadera.

Fue precisamente el ritmo sereno y la perfecta armonía entre naturaleza y tradición lo que nos cautivó en el año 2004. Llegamos a este lugar movidos por una intuición profunda: en un entorno así solo podía nacer un producto auténtico. En estas laderas donde el tiempo parece detenerse, Casona Micaela encontró su hogar, como una pequeña bodega familiar que emerge como una extensión del paisaje.